El beato Anselmo Polanco, obispo agustino y mártir, es recordado por la Iglesia cada 7 de febrero como testigo fiel de Cristo hasta el final. Nació en 1881 en Buenavista de Valdavia (Palencia) y muy joven ingresó en la Orden de San Agustín. Se formó como educador y teólogo, fue Prior Provincial y visitó las misiones agustinas de varios continentes. En 1935, el papa Pío XI lo nombró obispo de Teruel, donde se entregó con intensidad a su labor pastoral.
Al estallar la Guerra Civil decidió permanecer junto a su pueblo, aun en medio de la persecución religiosa. Fue detenido en enero de 1938 y permaneció trece meses encarcelado tras celebrar su última misa en Teruel. El 7 de febrero de 1939 fue fusilado en Can Tretze junto a otros mártires, sellando con su sangre su fidelidad a la Iglesia. Beatificado por san Juan Pablo II en 1995, es hoy ejemplo luminoso de pastor valiente y fe inquebrantable.
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